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28 Febrero, 2018 / Editorial

Debemos defender la inversión y no permitir que los antimineros tomen ventaja de la nueva ley de cabeceras de cuenca

 

No existe un marco metodológico relacionado a cabeceras de cuenca. Eso crea vacíos técnicos,  administrativos y legales que perjudican el desarrollo de proyectos mineros.

 

¿Quién se beneficia de la nueva ley de cabeceras de cuenca? No contar con definiciones claras solo promueve manipular la situación a favor de quienes se saben tienen el control de las reservas mineras o de quienes se dicen proteger el medioambiente por intereses creados. Esto solo perjudica el actual entorno favorable para la inversión y esto no debe ser permitido.

 

La Ley 30640 puede perjudicar el desarrollo de 47 proyectos mineros en el país valorizados en un monto aproximado de US$46,996 millones. A esto se le suma el bueno momento en que Perú vive respecto al boom minero. En la actualidad, según el Fraser Institute, think tank canadiense, nuestro país es el segundo país más atractivo en la región para la inversión minera, a nivel mundial ocupa el puesto 19.

 

La preocupación radica en que muchos de los proyectos se encuentran en zonas altoandinas y, según consideran, su desarrollo podría mermarse ya que las áreas donde se ejecutarían podrían declararse como intangibles. Es decir, factores como el desconocimiento de lo que realmente es una cabecera de cuenca o, simplemente, la larga y tediosa tramitología pueden ahuyentar futuras –y valiosas– oportunidades de inversión en el país.

 

Según el Artículo 75 de la Ley 29338, la Ley de Recursos Hídricos, “el Estado reconoce como zonas ambientalmente vulnerables las cabeceras de cuenca donde se originan los cursos de agua de una red hidrográfica”.

 

El texto continúa: “La Autoridad Nacional, con opinión del Ministerio del Ambiente, puede declarar zonas intangibles en las que no se otorga ningún derecho para uso, disposición o vertimiento de agua. Asimismo, debe elaborar un Marco Metodológico de Criterios Técnicos para la Identificación, Delimitación y Zonificación de las Cabeceras de Cuenca de las Vertientes Hidrográficas del Pacífico, Atlántico y Lago Titicaca”.

 

Ha pasado medio año desde su publicación y aún no existe una definición concreta de lo que se puede denominar “cabecera de cuenca”. Lo que se entiende corresponde a las partes más altas de las cuencas que reciben agua por neblina, lluvia, nieve, granizo, etc. Sin embargo, para muchos, el término puede ir más allá: puede considerarse al agua que provienen de glaciares, nieve y humedales.

 

Esto lleva a una seria confusión y posibles problemas e indefiniciones legales. En una ponencia realizada el año pasado en la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco, el doctor Roberto Poncela, especialista en exploración de cuencas y sistemas acuíferos, indicó que “el problema que surge es la ambigüedad legal que puede estar de acuerdo a la interpretación que haga el legislador, en su momento”. Es decir, ¿qué se debe considerar como “Cabecera de Cuenca” y que no?

 

Resulta imperativo contar con información técnica sobre las cabeceras altoandinas -y las diferentes particularidades- desarrollado por profesionales imparciales, para que se pueda tomar las mejores decisiones equilibrando extracción y protección. No solo para los proyectos mineros, sino también –y sobre todo– para las comunidades.

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