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09 Julio 2018 / Editorial

Una nueva era: la minería submarina como inmensa fuente de recursos por explorar

 

El planeta nos pone a disposición su riqueza minera ubicada entre 400 a 7 mil metros de profundidad marina. ¿Será esta una oportunidad viable?

 

Ante el crecimiento acelerado que registra la población mundial durante los últimos años, junto a las múltiples demandas de productos fabricados a partir de metales que son extraídos de yacimientos mineros, y la paulatina escasez de estos depósitos en la faz de la tierra, algunas compañías han incursionado en la denominada minería submarina, como una nueva alternativa para explotación de recursos minerales.

 

Incluso, investigadores en algunos países afirmaban que este 2018 sería el año del auge de este tipo de minería. Sin embargo, a pesar que ya existen algunos proyectos en las profundidades marinas, este auge todavía no ha llegado. Aún no se sabe mucho de la diversidad que existe en el fondo del océano. En ese sentido, es el paisaje más grande del planeta y el menos conocido.

 

Lo que sí se sabe es que el 96% de las reservas conocidas de cobalto, el 84% de las reservas conocidas de níquel y el 79% de las reservas conocidas de manganeso se encuentran a profundidades que van desde los 400 hasta los 7 mil metros hacia el fondo del mar. Asimismo, es posible hallar depósitos submarinos de oro, diamantes, zinc, estaño, indio, teluro, hierro, entre otros recursos.

 

En medio del Océano Pacífico, lejos de la jurisdicción de país alguno, se encuentra la Zona Clarion-Clippertone (CCZ), que comprende un área de 4,5 millones de kilómetros cuadrados, donde se realizan ensayos mineros desde hace años. En las profundidades de esta parte del océano existen en abundancia nódulos de manganeso ricos en sustancias escasas en la superficie, como el indio, por ejemplo, necesario para la fabricación de las pantallas táctiles de los teléfonos móviles.

 

Según datos estimados, la CCZ contiene más cobalto, níquel, cobre y zinc que todos los yacimientos terrestres combinados. Otras colosales zonas polimetálicas submarinas se encuentran en la Cuenca del Perú (ubicada en el océano Pacífico), la Cuenca Índica Central (localizada en el océano Índico) y la Dorsal Medioatlántica (situada a lo largo del océano Atlántico).

 

Dependiendo de las condiciones y la forma en que se presentan los minerales, se pueden practicar tres tipos de minería abisal: la recolección de nódulos de manganeso, que son concreciones minerales con formas elipsoidales que pueden medir entre uno y 20 centímetros; la extracción de costras de ferromanganeso con alto contenido en cobalto, que son pavimentos de óxidos de hierro y manganeso de hasta 26 centímetros; y la explotación de depósitos de sulfuros polimetálicos, que se originan por la emisión de fluidos hidrotermales a altas temperaturas.

 

También, es importante subrayar que estos dos últimos tipos de extracción, señalados en el párrafo anterior, son los que ocasionarían mayores daños al ecosistema acuático y, que el primero de ellos, sería el de menor impacto ambiental.

 

De acuerdo a una investigación elaborada por la revista Science Advances, las alteraciones irreversibles en los ecosistemas marinos y potenciales extinciones regionales y globales, así como la pérdida de contacto entre las comunidades biológicas, representan los mayores peligros que podría generar la explotación sin control en el lecho oceánico.

 

Con el propósito de fiscalizar esta nueva actividad, en 1994 se creó la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (International Seabed Authority – ISA) con sede en Kingston, Jamaica. La jurisdicción de esta organización cubre todo lecho marino que esté fuera de la zona económica exclusiva de cualquier país; es decir, rige el 54% de la totalidad del mar del planeta.

 

En tal sentido, actualmente la ISA se encuentra desarrollando e implementando estrictas normativas para reglamentar y supervisar estas actividades, con el objetivo de que la minería submarina se lleve a cabo en beneficio de todas las naciones, y sin perjudicar el ecosistema marino.

 

De esta manera, ese futuro cercano que contemplaba operaciones mineras en el fondo del mar, se ha convertido en una realidad. Ahora, estamos frente a una nueva forma de hacer minería, y ante una inmensa fuente de recursos minerales que nos demuestra, una vez más, las ricas bondades que nos brinda nuestro planeta. Y para lograr una minería submarina viable, lo mínimo que podemos hacer es aprovechar estos recursos de manera responsable y respetando a las demás especies.

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