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8 Julio 2019 / Editorial

Lidiando con los desafíos de la industria minera en el Perú

Perú debe visualizar lo que la industria puede aportar en términos económicos al país. El progreso y desarrollo deben estar en la agenda política.

 

Es importante impulsar los cambios regulatorios para atraer inversiones y estaba dirigiendo por separado el dinero estatal hacia la infraestructura, otra política bienvenida para los mineros.

 

Un presidente favorable a la minería y una serie de reformas diseñadas en parte para fomentar la inversión es un cambio positivo en la ideología de las empresas de recursos que miran a Perú, pero es poco probable que esos cambios se den en un sentido práctico sin sus desafíos.

 

El sector minero recibió con beneplácito la elección del actual presidente Martín Vizcarra, quien se instaló en una plataforma anticorrupción, lo que se hizo creíble en parte por su historial como gobernador de Moquegua, una región minera.

 

Ha seguido con un referéndum sobre la legislación anticorrupción a principios y está tratando de abordar las preocupaciones sociales con la minería mediante la descentralización de la base de poder para otorgar a las regiones un mayor control sobre los ingresos mineros generados localmente.

 

Es importante impulsar los cambios regulatorios para atraer inversiones y estaba dirigiendo por separado el dinero estatal hacia la infraestructura, otra política bienvenida para los mineros. Pero la retórica en torno a la política de Vizcarra puede resultar difícil de poner en práctica.

 

El presidente Martín Vizcarra está realmente consciente de la descentralización en términos de dirigir más ingresos de la minería a las regiones, pero eso por supuesto crea problemas con la gobernabilidad y cómo se gasta el dinero, y eso se retroalimenta en el conflicto social.

 

Muchos de los conflictos sociales con la minería no están dirigidos a la minería sino a dónde van los ingresos.

 

Perú ha tenido una serie de escándalos de corrupción masiva en los últimos años, por lo que este es un problema real. Es si la descentralización ayuda o empeora eso, y es un problema de capacidad.

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